
La política exterior de México siempre ha tenido ese matiz de hermano mayor en la región, y bajo la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, esa línea parece mantenerse firme, aunque con una dosis extra de realismo geopolítico. Durante su reciente visita a Michoacán, la mandataria dejó claro que la mano tendida hacia Cuba es una realidad inmediata, pero con límites bien definidos. A más tardar el próximo lunes, un cargamento de ayuda humanitaria compuesto por alimentos e insumos básicos zarpará con destino a la isla, atendiendo a las peticiones urgentes del gobierno cubano en un momento crítico.
Sin embargo, el tema que todos esperaban —el suministro de petróleo— se mantiene en una zona de espera estratégica. Sheinbaum fue enfática al señalar que, si bien el diálogo diplomático sigue abierto, México no se moverá a ciegas en un tablero internacional lleno de minas. La prioridad hoy es mitigar la carencia de suministros básicos, dejando la energía para una mesa de análisis más profunda donde el riesgo de represalias externas se evalúe con rigor técnico. Es un movimiento que busca equilibrar la histórica solidaridad mexicana con la estabilidad económica propia del país.