VENEZUELA- Los chicos estaban allí para una pelea de globos de agua.
Era una tradición anual para iniciar las celebraciones de carnaval en Barcelona, una ciudad costera de clase trabajadora del este de Venezuela. Pero apenas dos días después de la captura del presidente de la nación, Nicolás Maduro, todos esos gritos y risas fueron mal recibidos por las autoridades.
Agentes de la policía local y soldados de la Guardia Nacional llegaron en gran número y, según dos de los chicos y los familiares de otros cuatro, dispararon. Los chicos y jóvenes —de 13 a 25 años— se dispersaron, pero la policía detuvo a 25 de ellos. Dos días después, los fiscales estatales presentaron cargos.
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¿Su delito? Traición a la patria.
“‘Los voy a joder’”, recordó uno de los chicos, de 17 años, que le dijo un agente de policía tras su detención, utilizando un improperio. “‘Ustedes están a favor de Donald Trump’”.
Una reportera y un fotógrafo de The New York Times visitaron la semana pasada el barrio donde vive la mayoría de los detenidos y entrevistaron a dos de los chicos y a siete de sus familiares, así como a otros venezolanos de todo el país. La mayoría habló bajo condición de anonimato por temor a represalias del gobierno.
Esas entrevistas revelaron que, bajo el gobierno provisional de Venezuela respaldado por el gobierno de Donald Trump, la vigilancia ciudadana y la represión siguen muy presentes.
