Morena no se volvió todopoderoso de la noche a la mañana. La historia no comienza con el control del Poder Judicial, ni con la reforma que arrasó a la Suprema Corte, ni con la capacidad de doblar a la oposición en cada votación. El origen de este dominio desmedido está en algo más técnico, pero corrosivo: la jugada clave de la sobrerrepresentación.
