El consenso sobre el fin de los Estados Unidos es léxico mundial, pero nadie se alegra por ello: hará mucho daño y durará mucho tiempo. Todavía sigue siendo el país más poderoso, pero la velocidad de su descenso y el ascenso de China no son proporcionales. Existen al menos nueve potencias nucleares; los yanquis son solo una. Su élite política siempre ha sido arbitraria con el mundo; habla con voz altisonante de la ley, mientras le falta el respeto todos los días.
