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jueves, febrero 5, 2026
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Mirador 05/02/2026

El viajero visita en París la Sainte-Chapelle. Joya preciada de la arquitectura gótica es ese hermoso templo donde se guardan reliquias que son tesoro de la fe: la corona de Cristo; el hierro de una de las lanzas que traspasó su costado; la esponja donde al crucificado le dieron a beber vinagre…

Anatole France dudaba de la autenticidad de las reliquias consagradas por la Iglesia. Aseguraba que había no menos de 14 cráneos de San Pedro, desde uno de cuando tenía 5 años de edad hasta el último de cuando ya era viejo. Hablaba de un santo que murió decapitado, y que se aparecía en el aniversario de su martirio llevando en las manos su cabeza, a la que daba cariñosos besos.

El viajero oscila entre la fe y la incredulidad, y por eso suspende todo juicio acerca de las reliquias de la Sainte-Chapelle. Camina con cuidado, eso sí, para no pisar una flor de lis, pues por todos lados se halla ese símbolo de Francia. Se le ve en las paredes, en el techo, en los vitrales. El templo es un vasto jardín de flores de lis.

El viajero ha creído percibir su aroma, pero sabe que eso es una ilusión. Quizá, piensa, todo es una ilusión.

¡Hasta mañana!…

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