
Un dicho muy conocido reza: se puede engañar a muchos durante poco tiempo, o a pocos durante mucho tiempo, pero jamás se podrá engañar a todos todo el tiempo. Esto es particularmente cierto en política. Tarde o temprano la verdad saldrá a flote y será conocida. O más que conocida, aceptada. Porque realmente sorprende el número de personas, amigas o no, que uno identifica como personas lúcidas –o que cuando menos así parecen– e incluso de buena fe que, por alguna razón, traen puestas tales anteojeras mentales que les impiden ver lo obvio. Es decir, la realidad tal cual es.





