“No, gracias”. Palabras muy sencillas son éstas, pero muy difíciles de decir. Cuántos problemas nos evitaríamos si tuviéramos la valentía de responder: ”No, gracias”. Si Adán le hubiera dicho estas dos simples palabritas a Eva, de seguro todavía estaríamos en el Paraíso. Yo he aprendido el valor de estas palabras y me he salvado de cometer errores descomunales.
