
A los 25 años, Tomasz Nadolski tenía un problema que parecía imposible de explicar: cuando mostraba su documento de identidad, algunas personas no creían que realmente le perteneciera. Su apariencia física correspondía a la de un niño de unos 12 años, pero detrás de ese rostro había un adulto enfrentando una enfermedad genética que había cambiado por completo su vida.
Nacido en Olesnica, en el suroeste de Polonia, Tomasz dejó de crecer alrededor de los 12 años y nunca atravesó la pubertad como el resto de sus compañeros. En la calle, su aspecto provocaba miradas, dudas e incluso situaciones incómodas con las autoridades.





