No importa cuántas veces revise la cerradura. Antes de dormir gira la llave una vez, luego otra. Después coloca una silla bajo el picaporte. Y, aun así, duerme con un ojo abierto.
No le teme a la oscuridad. Le teme a escuchar unos pasos.
Tiene veintitrés años. Su exesposo está en prisión por haber intentado matarla. Pero ella sigue viviendo escondida. Las rejas nunca han detenido las amenazas.
