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El componente cultural de la seguridad nacional

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Por Tetyana Berezhna y David Stephenson, Project Syndicate.

KIEV- La resiliencia nacional se ha definido durante mucho tiempo en función de la fuerza militar y el gasto en defensa. Sin embargo, los responsables políticos están empezando a reconocer que la cultura es un componente fundamental de la seguridad interna de los países democráticos.

La Conferencia de Seguridad de Múnich del año pasado debatió sobre el papel de la cultura en la estabilidad europea. El ministro de Cultura danés, Jakob Engel-Schmidt, resumió el consenso emergente al afirmar que la democracia “se nutre en nuestras bibliotecas, museos, cines, archivos y teatros, espacios donde las personas aprenden a pensar de forma crítica, a empatizar y a sentirse parte de algo”.

Este reconocimiento no podría ser más oportuno. La identidad cultural en todo el mundo se ve sometida a la presión de las fuerzas que están remodelando las sociedades modernas: la guerra, la migración a gran escala, la rápida urbanización, el desarrollo tecnológico y el cambio demográfico. La erosión de la cultura compartida y del sentido de pertenencia se ha convertido en uno de los retos definitorios de nuestra era.

Ucrania, sin embargo, ofrece motivos para la esperanza. Desde la invasión a gran escala de Rusia hace cuatro años, Ucrania se ha convertido en el laboratorio de defensa más trascendental del mundo, poniendo a prueba innovaciones militares que pueden reforzar la seguridad europea. Pero, lo que es igualmente importante, sus industrias creativas se han convertido en una forma de infraestructura estratégica, un avance del que el resto del mundo puede aprender.

La guerra de Rusia contra Ucrania ha implicado una campaña deliberada de borrado cultural. Desde 2022, se ha informado de que más de 1,750 sitios del patrimonio cultural han sido dañados o destruidos, se han saqueado museos y se ha suprimido sistemáticamente la lengua y la cultura ucranianas en los territorios ocupados temporalmente.

Pero, lejos de retroceder, las industrias creativas de Ucrania se han adaptado y han contraatacado, desempeñando un papel central en los esfuerzos de resistencia del país. La cobertura mediática internacional de la guerra a menudo pasa por alto cómo la cultura ha ayudado a afianzar a las comunidades en las ciudades del frente, a contar la historia de Ucrania al mundo y a mantener una visión del futuro del país.

Por ejemplo, aunque Járkov se encuentra a solo unos kilómetros del frente, las instituciones culturales de la ciudad han seguido funcionando durante toda la guerra. Tras verse obligado a trasladar su colección para protegerla de los ataques rusos, el Museo Literario de Járkov se ha reinventado, acogiendo residencias de escritores, veladas literarias y ceremonias de entrega de premios. El Teatro Nafta, fundado en 2018, está reviviendo la obra de dramaturgos ucranianos silenciados por el régimen soviético a principios del siglo XX, representando obras en espacios que también sirven de refugios. La directora artística de Nafta, Nina Khyzhna, lo ha descrito como un proceso de descolonización.

La cultura ucraniana se ha convertido también en una poderosa fuente de conexión con el mundo exterior, especialmente con Europa. Las películas ganadoras de Óscar y las victorias en Eurovisión han llamado la atención, pero los actos de presencia más discretos y sostenidos son igual de influyentes, si no más. Las exposiciones sobre el patrimonio ucraniano desarrolladas por la ONG local Pixelated Realities llegaron a alrededor de un millón de personas en 55 países solo en 2022 y 2023. Las solicitudes de subvenciones distribuidas por el Instituto del Libro de Ucrania para traducir literatura ucraniana a idiomas extranjeros han aumentado considerablemente desde la invasión a gran escala.

No menos importante es que las industrias creativas y los espacios culturales de Ucrania ofrecen a los jóvenes ucranianos una visión de lo que su país puede llegar a ser, una tarea difícil en tiempos de guerra. Este es un país que reivindica su derecho a existir según sus propios términos.

Según un estudio de próxima publicación del Instituto Tony Blair para el Cambio Global, en la última década las industrias creativas de Ucrania han crecido más rápido que la industria manufacturera y la agricultura. Los empleados de las industrias creativas son trabajadores altamente cualificados y con conocimientos digitales, orientados hacia los mercados globales y profundamente comprometidos con su identidad ucraniana. Cuando termine la guerra, constituirán la columna vertebral de la economía y se encontrarán entre los motores más importantes de la reconstrucción, sosteniendo la vida cívica y cultural que hace que valga la pena reconstruir un país.

Esta reconstrucción centrada en la cultura ya ha comenzado en Lutsk, en el noroeste de Ucrania, con la ayuda de Algorytm, una ONG local. Antiguas fábricas soviéticas, un molino y una antigua oficina de correos se están transformando en galerías, un parque científico y una librería-cafetería: espacios que acogen talleres de robótica junto con eventos culturales, y donde la frontera entre la renovación económica y el renacimiento cultural se ha disuelto por completo. Así es la recuperación cuando se construye en torno a las personas y no solo a las infraestructuras.

El Ministerio de Cultura de Ucrania está formalizando este enfoque a nivel nacional a través de la plataforma “Culture for Recovery”, una iniciativa para integrar los espacios culturales en la reconstrucción física. Los socios internacionales han comprometido 4,2 millones de euros (4.9 millones de dólares) para salvaguardar los numerosos sitios del patrimonio cultural de Ucrania a través del Fondo del Patrimonio Cultural de Ucrania. No se trata de gestos caritativos. Son inversiones en una Ucrania resiliente y democrática, lo cual es crucial para la estabilidad de Europa en su conjunto.

Para los gobiernos, las empresas y los donantes que buscan comprender cómo sería una Europa más resiliente, Ucrania ha demostrado que la cultura es fundamental, y no algo secundario, para lograr ese resultado.

La tarea ahora es apoyar a Ucrania en la construcción del futuro creativo que su pueblo ya ha demostrado que es posible, y en el desarrollo de un nuevo manual de estrategias que puedan seguir otros países europeos. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Tetyana Berezhna es viceprimera ministra de Ucrania. David Stephenson es director nacional para Ucrania del Instituto Tony Blair.

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