
CARACAS- El viernes, en el devastado norte de Venezuela, los sobrevivientes de los terremotos escarbaban entre montañas de ladrillos y hormigón con sus propias manos, pidiéndose silencio unos a otros para escuchar posibles señales de vida y rezando por llegar hasta las personas que seguían atrapadas bajo los escombros.
En un pequeño hospital de La Guaira, el estado más afectado, Juan David Arsia, de 17 años, contó que había pasado 21 horas bajo los escombros. “Estaba allí con mi mamá y podía oírla gritar”, dijo. “Le gritaba: ‘No te rindas, mamá, ten fe, no te rindas!’”.





