Por Michael R. Bloomberg y Teresa Ribera, Project Syndicate.
NUEVA YORK/BRUSELAS- En la lucha global contra el cambio climático no han faltado objetivos ni compromisos. Pero, en última instancia, la gente juzga el progreso en función de lo que experimenta en su vida cotidiana. Y en ningún lugar el impacto de la acción climática es más tangible que en las ciudades del mundo.
Los alcaldes comprenden que las mismas medidas que reducen las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y fortalecen la resiliencia climática también mejoran la vida cotidiana de las personas. Las viviendas eficientes en materia de energía reducen las facturas que pagan las familias. Un mayor acceso a energías renovables disminuye la dependencia de los combustibles fósiles importados y la vulnerabilidad ante las subidas de los precios del petróleo y del gas. Un mejor transporte público y una infraestructura de ciclovías más segura le ofrecen a la población formas más asequibles y saludables de desplazarse por sus comunidades. Los árboles y los espacios verdes mejoran la calidad del aire, refrescan los barrios y hacen que las ciudades sean lugares más agradables para vivir.
Ahora bien, la acción climática también consiste en proteger a las personas de los efectos ya tangibles del calentamiento del planeta. Las olas de calor, las inundaciones, las sequías y los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes e intensos. Las ciudades y sus habitantes se encuentran cada vez más expuestos a estos desafíos. Por eso, para hacer frente al cambio climático es preciso llevar a cabo medidas de adaptación junto con medidas de mitigación.
En todo el mundo, los líderes locales están adaptando escuelas, hospitales, residencias para adultos mayores y espacios públicos para proteger a los ciudadanos del calor excesivo y de otros riesgos climáticos. Los sistemas de sombreado, los techos verdes y las soluciones de refrigeración natural pueden mejorar significativamente la resiliencia de las ciudades ante el aumento de las temperaturas, y a menudo son los niños, las personas mayores y otros residentes vulnerables los más beneficiados.
Una combinación de medidas de adaptación y eficiencia energética puede salvar vidas, mejorar el bienestar y reducir los costos energéticos. Estas inversiones ecológicas también atraen talento, innovación e inversión privada, lo que convierte la acción climática en una oportunidad económica.
Los alcaldes llevan años poniendo en práctica estos principios. Como resultado de ello, las emisiones de GEI han disminuido en muchas de las ciudades más grandes del mundo, a pesar de que su población ha seguido creciendo. Asimismo, ciudades de todos los tamaños y regiones están colaborando para acelerar los avances que han logrado individualmente.
Durante la última década, el Pacto Global de Alcaldes por el Clima y la Energía (GCoM) se ha convertido en una alianza de más de 14.000 ciudades y gobiernos locales de 150 países, que representan a más de 1.000 millones de personas. Muchas de las ciudades que lo integran han adoptado objetivos climáticos más ambiciosos que los de sus gobiernos nacionales -y van por buen camino para alcanzarlos con más celeridad.
Sin embargo, las ciudades podrían avanzar más rápido y llegar más lejos si contaran con un mayor respaldo. En concreto, tienen una necesidad apremiante de conocimientos técnicos y de acceso a la financiación. Muchas autoridades locales siguen careciendo de los recursos necesarios para identificar, desarrollar y poner en marcha proyectos climáticos a la escala requerida.
Las alianzas pueden ayudar a satisfacer estas necesidades. El Fondo para la Brecha de Financiación Climática de las Ciudades (City Climate Finance Gap Fund), respaldado por GCoM y el Banco Mundial, ya está ayudando a las ciudades a desarrollar proyectos capaces de atraer inversiones y aportar beneficios tangibles a sus poblaciones. En los últimos años, ha ayudado a más de 1.400 ciudades a convertir sus ambiciones climáticas en acciones concretas.
Ahora, GCoM, C40 (una red de las ciudades más grandes del mundo comprometidas con la lucha contra el cambio climático) y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo dan un paso más allá de ese trabajo con una nueva alianza para ayudar a las ciudades a ampliar la escala de sus proyectos climáticos mediante asistencia técnica y financiera. Esta iniciativa se centrará, principalmente, en las regiones donde la brecha entre la ambición y los recursos disponibles es mayor.
Los gobiernos nacionales reconocen cada vez más el poder de las ciudades a la hora de impulsar el progreso en materia de cambio climático. Aunque es prometedor, esto no debería ser más que el principio. Los alcaldes y los responsables municipales comprenden mejor que nadie que las políticas climáticas más exitosas son aquellas que la gente puede ver y sentir en su vida cotidiana: aire más limpio, calles más seguras, facturas de energía más bajas, hogares más saludables y una mejor protección frente a fenómenos meteorológicos extremos.
Con el apoyo adecuado, las ciudades pueden seguir protegiendo a las personas, fortaleciendo la resiliencia y creando las condiciones para un crecimiento sostenible. Y lo que es más importante, las ciudades pueden desempeñar un papel de liderazgo decisivo al mostrarle al mundo que la acción climática no es una carga, sino una oportunidad para construir una vida mejor y comunidades más dinámicas para todos. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Michael R. Bloomberg, fundador de Bloomberg L.P. y Bloomberg Philanthropies y exalcalde de la ciudad de Nueva York (2002-2013), es el enviado especial del secretario general de las Naciones Unidas para la Ambición y las Soluciones Climáticas y copresidente del Pacto Global de Alcaldes por el Clima y la Energía. Teresa Ribera es vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para una Transición Limpia, Justa y Competitiva y copresidenta del Pacto Global de Alcaldes por el Clima y la Energía.
