
Por Barry Eichengreen, Project Syndicate.
NUEVA YORK- El oro puede ser una “reliquia bárbara“, como observó en su día John Maynard Keynes, pero sigue siendo la reliquia preferida por los bancos centrales. Los bancos centrales de los mercados emergentes han estado acumulando reservas de oro desde la crisis financiera mundial de 2008, duplicando con creces sus tenencias. ¿Pone en tela de juicio esta estrategia el comportamiento anómalo de los precios del oro desde el estallido de la guerra con Irán, o hay algo más detrás?
El atractivo del oro se deriva de su reputación como valor refugio y cobertura contra la inflación. Sin embargo, en marzo, tras el inicio de la guerra, un acontecimiento que debería haber respaldado la demanda de oro por ambos motivos, su precio en dólares cayó un 10 %. A continuación, los precios se mantuvieron estables en abril. Evidentemente, el oro no es exactamente el valor refugio y la cobertura contra la inflación que los inversores creían que era.
Se han ofrecido diversas explicaciones para este comportamiento anómalo. Es posible que los operadores que sufrieron pérdidas en otras inversiones vendieran futuros y fondos de oro para hacer frente a las demandas de margen. El aumento de los tipos de interés, o al menos la disminución de las expectativas de recortes de tipos, puede haber llevado a los inversores a pasar del oro a los bonos. El banco central de Turquía vendió oro para obtener las divisas necesarias para respaldar la moneda del país, la lira. Es posible que otros bancos centrales hayan seguido su ejemplo.
En cualquier caso, este episodio nos recuerda que los precios del oro pueden ser volátiles. Entonces, ¿deberían los bancos centrales replantearse sus estrategias de inversión?
Consideremos por qué los bancos centrales mantienen oro. La tenencia de lingotes tiene la historia de su parte, ya que durante mucho tiempo ha sido un signo de respetabilidad para los bancos centrales. Cualquier inversor global querrá incluir en su cartera una “apuesta por las materias primas”, una inversión correlacionada con los precios de las materias primas. Mantener una posición larga en oro es una forma de obtener esta exposición, aunque en un mundo con ETF de materias primas y futuros existen otros instrumentos que ofrecen mejores combinaciones de riesgo y rentabilidad.
El factor más importante, sin embargo, es que el oro que se mantiene en el país está libre de riesgo de sanciones. Las reservas de divisas mantenidas como depósitos bancarios y valores en el extranjero corren el riesgo de quedar inmovilizadas, o incluso embargadas, por un gobierno extranjero que utilice las sanciones con fines disuasorios, como se le recordó a Rusia tras su ataque a Ucrania en 2022.
Rusia no ignoraba el peligro: la proporción de sus reservas de divisas mantenida en oro se duplicó con creces desde 2014, justo antes de su anexión de Crimea, hasta su invasión a gran escala de Ucrania en 2022. Lo repatrió todo, almacenándolo en San Petersburgo y Moscú.
El Banco Popular de China ha sido menos comunicativo sobre sus operaciones con oro, pero se cree que ha sido el comprador más importante entre los bancos centrales en los últimos años. Se cree que el Banco Popular de China almacena la gran mayoría de ese oro en Pekín y Shanghái, presumiblemente porque es consciente del riesgo de sanciones.
Mi propia investigación, realizada junto con otros autores, sugiere que la tendencia es generalizada: la exposición a las sanciones financieras de EE. UU. aumenta significativamente la proporción de reservas que las economías emergentes y en desarrollo mantienen en forma de oro. En términos más generales, las mayores compras de oro por parte de bancos centrales en los últimos años han sido realizadas por países que están significativamente expuestos al riesgo geopolítico, no solo Rusia y China, sino también Polonia, India y, antes del pasado mes de marzo, Turquía.
Otro indicio de lo que piensan los bancos centrales es que la proporción de las reservas oficiales de oro custodiadas en el Banco de la Reserva Federal de Nueva York ha caído del 30 % del total mundial en 2005 a apenas el 20 % en la actualidad. Los responsables políticos de otros países se preguntan si Estados Unidos es un aliado fiable y si la Fed de Nueva York es un custodio fiable. Informes recientes vinculan la presión popular a favor de la repatriación del oro en Alemania e Italia con las tensiones políticas con Estados Unidos y las amenazas a la independencia de la Fed. ¿Quién lo hubiera pensado?
Pero el oro almacenado en el país no puede prestarse, intercambiarse ni utilizarse como garantía, a diferencia del oro almacenado en Londres y Nueva York. Resulta poco práctico cuando se utiliza para pagos. En 2019, el Gobierno de Venezuela, sujeto a sanciones de EE. UU., fletó un Boeing 777 a una empresa rusa para transportar 7.4 toneladas de oro a Uganda, donde fue refinado y revendido. Venezuela recibió 300 millones de dólares en euros para pagar mercancías que, de otro modo, no habrían estado al alcance del país.
Venezuela volvió a hacerlo en 2020, pagando por equipos y servicios para yacimientos petrolíferos procedentes de Irán, también sancionado, mediante el alquiler de una flota de 747 para transportar lingotes de oro. Estas operaciones, complejas y poco manejables, fueron excepciones que confirmaron la regla.
En este sentido, las compras de oro por parte de los bancos centrales y su repatriación son un síntoma de la desglobalización. Anuncian la llegada de un mundo más fragmentado geopolíticamente, en el que las transacciones transfronterizas de todo tipo están abocadas a volverse más difíciles y costosas. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Barry Eichengreen, profesor de Economía y Ciencias Políticas en la Universidad de California, Berkeley, es autor, entre otros, de Money Beyond Borders: Global Currencies From Croesus to Crypto (Princeton University Press, 2026).





