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Hay que exigir a Putin que restablezca la democracia local en Rusia

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Por Roger Myerson, Project Syndicate.

CHICAGO- Mientras los húngaros celebran su victoria sobre el populismo autoritario y los estadounidenses conmemoran 250 años de libertad, los rusos también pueden esperar el fin de la dictadura corrupta del presidente Vladimir Putin. Pero harían bien en recordar que la Declaración de Independencia de Estados Unidos, por ejemplo, no fue solo una proclamación idealista de derechos. También fue una declaración práctica sobre la importancia de empoderar a los consejos locales elegidos por el pueblo.

Desde que las revoluciones estadounidense y francesa tomaron caminos tan marcadamente diferentes, la democracia ha tenido más probabilidades de sobrevivir y prosperar cuando ha tenido raíces sólidas en la política local. Este mensaje debería resonar entre los rusos que recuerdan su propia historia. Al fin y al cabo, incluso Lenin reconoció el valor de llamar a su régimen “soviético”, tras su falsa promesa de empoderar a los consejos locales en 1918.

Por supuesto, no fue hasta 1990 cuando el Gobierno soviético, bajo Mijaíl Gorbachov, permitiera a la población elegir entre candidatos en unas elecciones regionales competitivas. Pero esa decisión resultó ser transformadora. La introducción de la democracia local creó una fuerza irresistible en favor de la rendición de cuentas popular que se extendió hacia los niveles superiores del gobierno, culminando en la disolución de la Unión Soviética en diciembre de 1991.

Antes de las elecciones de 1990, muchos expertos habían dado por sentado que el principal efecto de la democracia local sería otorgar más autonomía a las regiones pobladas por minorías étnicas. Pero tanto los rusos étnicos como las minorías apreciaron el valor de un gobierno localmente responsable. Incluso en Tartaristán, donde los rusos étnicos constituían aproximadamente el 42 % de la población, un referéndum de 1992 sobre la autonomía regional se aprobó con más del 61 % de apoyo. Quienes hoy quieran restaurar la democracia en Rusia deberían recordar esta lección crucial sobre el amplio atractivo del autogobierno local.

Sin duda, el curso posterior de la política local en Rusia fue más turbulento y a menudo decepcionante, con procesos empañados por el fraude electoral en muchas regiones. Pero los votantes siguieron exigiendo responsabilidad política en las elecciones regionales, y una fracción considerable de los titulares que se presentaron a la reelección entre 1995 y 2004 fueron destituidos.

Tras el ascenso de Putin a la presidencia de Rusia en 2000, sus primeras medidas para reinstaurar el régimen autoritario se centraron en socavar y desmantelar las instituciones de la democracia local. Tras la suspensión de las elecciones a gobernadores regionales en 2004, los gobernadores y alcaldes pasaron a depender de la aprobación del Kremlin, y no de sus votantes, y el gobierno local se convirtió en un instrumento efectivo de control central. Los consejos locales elegidos quedaron con poco o ningún poder real, y las últimas voces de la oposición democrática allí fueron silenciadas tras la introducción de facto de la ley marcial en 2022.

Además, los primeros años de la década de 1990, cuando la esperanza por la democracia local en Rusia era más brillante, se recuerdan lamentablemente también como un doloroso período de debilidad del gobierno central en medio de los enormes retos de la transición económica desde el comunismo. Pero las democracias exitosas de todo el mundo han demostrado que la transferencia de poder sustancial a los gobiernos locales elegidos no es incompatible con un gobierno central fuerte.

Entre las democracias ricas de la OCDE, por ejemplo, las autoridades subnacionales responsables ante la ciudadanía gestionan generalmente entre el 20 % y el 50 % del gasto público total, dejando la mayor parte del presupuesto público bajo el control de los líderes nacionales elegidos. Cuando las reformas de descentralización en Ucrania tras 2015 asignaron una parte significativa de los ingresos públicos a un nuevo sistema de gobiernos municipales elegidos localmente, el efecto fue reforzar la resiliencia nacional de Ucrania frente a los posteriores desafíos de una guerra a gran escala.

Así, los rusos pueden estar seguros hoy de que unos gobiernos locales responsables con poder real para servir a sus comunidades no tienen por qué ir en detrimento de un gobierno central fuerte y eficaz. Por supuesto, el Kremlin intentará utilizar su control de los medios de comunicación para limitar la difusión de tales mensajes democráticos. Pero esos mensajes pueden abrirse paso si responden a las esperanzas de la gente de contar con mejores servicios públicos.

También es cierto que la viabilidad de la democracia local en Rusia puede depender de reformas de las disposiciones legales e institucionales que los gobernantes han utilizado para reprimir a la oposición. Por lo tanto, los defensores de la democracia rusa deberían elaborar propuestas de reforma basadas en el asesoramiento de expertos que puedan proporcionar una base institucional más sólida para el gobierno local democrático, comenzando por formas de cerrar las lagunas legales que las autoridades han utilizado para inhabilitar a los candidatos de la oposición.

Con planes de reforma razonables en la mano, los grupos de la oposición democrática deberían animar a los rusos de todo el país a considerar cómo un gobierno local responsable ante el electorado podría mejorar sus propias vidas. Cada mensaje, ya sea difundido a través de las redes sociales o de lo que los disidentes de la era soviética llamaban samizdat, que ayude a la población de Rusia a imaginar un futuro más democrático en sus comunidades locales representaría una alternativa muy necesaria a la actual privación militarizada, que parece ser todo lo que el régimen de Putin tiene para ofrecer a su pueblo. Fue Putin quien destruyó la promesa de la democracia local en Rusia; ahora, se le debería exigir que la restablezca.

Solo un gobierno democráticamente responsable puede proporcionar los servicios públicos necesarios para mejorar el bienestar del pueblo ruso. Aunque el renacimiento exitoso de la democracia en Rusia puede llevar tiempo, los crecientes costes de la corrupción y la guerra bajo el régimen autoritario de Putin exigen urgentemente nuevos esfuerzos para impulsar la responsabilidad política en todas las regiones. Empezando poco a poco, los defensores de la democracia podrían, al igual que una generación anterior, promover cambios que antes parecían inimaginables. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Roger Myerson, premio Nobel de Economía en 2007, es profesor de Economía y Políticas Públicas en la Universidad de Chicago.

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