
Puede que Irán no esté asfixiándose como un cerdo relleno, tal como predijo Donald Trump, pero su economía atraviesa serias dificultades, ya que la combinación de una enorme factura por daños de guerra, inflación, devaluación de la moneda, desempleo y una contracción en los ingresos petroleros genera preocupación entre la élite política sobre hasta qué punto pueden permitirse ser inflexibles con sus negociadores estadounidenses.
Una estimación que circula en los medios iraníes sugiere que el daño a la economía causado por los ataques estadounidenses e israelíes equivale a nueve veces el valor del presupuesto iraní del año pasado.





