México es un país que vive en la desconfianza crónica. El ciudadano desconfía de las autoridades y las autoridades desconfían del ciudadano. Es el único país que conozco –del primer mundo– donde un contrato debe firmarse hoja por hoja para evitar que alguna de las partes sustituya alguna de las cláusulas. En los demás países desarrollados sólo se firma la última hoja, avalando su conformidad con todo el contenido.
En el ámbito de la impartición de justicia, la desconfianza es un grave problema que nos impide lograr la legítima aspiración de sentirnos protegidos por el Estado de Derecho.
