
“Sin puntos y aparte. Puro punto y seguido. Así les grabo y escribo mi voz. Es mi última voz, porque la última vez que me vieron con vida fue la mañana del jueves pasado en la localidad de Los Planes, en el municipio de La Paz, aquí en Baja California. Ese día llevaba una falda blanca y una blusa color pistache. Quizá me vieron pasar por ahí: soy alta, mido 1.70, estoy delgada, peso 51 kilos, soy de tez blanca, pelo castaño claro, lacio y hasta debajo de los hombros, a veces con luces por el sol y el mar. Ahí se ve eso en la foto de mí que subieron a redes sociales, en un atardecer que estuvo bien bonito. Tal vez algún día, si anduvieron por aquí, se dieron cuenta de mí al caminar: como que siempre llevo una sonrisa porque tengo boca amplia y labios gruesos. O a lo mejor vieron que un día me puse un tatuaje de una mariposa en el brazo derecho y otro día en la pierna derecha me tatué la imagen de Hello Kitty. Jajaja.
“Algunas personas también me conocen porque soy fan del softbol. Mucho. Juego en el equipo de las Panthers de la Liga Delegacional, acá en Los Planes. Pero la verdad, eso ya no importa hoy. Hoy estoy muy triste. La tarde del mismo jueves activaron el Protocolo Alba porque me desaparecieron. Tenían razón en echar a andar el protocolo: me asesinaron. Fue un feminicidio. Nada de que fue un crimen pasional, ni de que si yo tenía un novio, o que si andaba con alguien, o que si fue un loco, o que si estaba embarazada. ¡No! ¡No me revictimicen! Fue un feminicidio. Punto. Horrible.





