En esta tierra de antiguos juristas destacados, desde hace algún tiempo la justicia y la política son sinónimos. Y no es que el presidente del Poder Judicial de Coahuila haya inaugurado esta tónica, sino que la ha llevado al grado de sumisión y vasallaje evidente.
Nunca un magistrado presidente se había atrevido a presentarse como lacayo del Poder Ejecutivo, por más que las nominaciones a este cargo hubieran surgido de la decisión del gobernador en turno. Sin embargo, en las circunstancias en que Mery fue impuesto por el anterior gerente de negocios de Coahuila, ello sugeriría una suerte de sumergirse en los lodos de la mansedumbre, en una operación necesaria para subsistir ante una evidente falta de capacidad y legitimidad para ejercer el cargo. Recordemos que cuando fue impuesto, en 2018, no contaba con la experiencia legal para ejercer el cargo, requerida por la Constitución local (Art. 138, Fracc. III), y llovieron los amparos.
