
La educación, lo revela cualquier estudio serio que se realice en cualquier lugar del mundo para medir el desarrollo social, es la mejor herramienta que hemos inventado los seres humanos para avanzar en el proceso de asegurar la igualdad entre las personas. Y eso es así porque la educación es, al menos hasta ahora, el mejor instrumento de movilidad social.
Sin embargo, la educación no es un mantra o una invocación que, con repetirse de forma constante, obrará el milagro de la movilidad. La educación es un sistema que implica el despliegue de múltiples estrategias, para cuya eficacia es preciso invertir recursos, pero también enormes dosis de rigor.





