Inicio Noticias La tercera oportunidad de Cuba

La tercera oportunidad de Cuba

0

Por Enrique Krauze, Project Syndicate.

CIUDAD DE MÉXICO- Mucho antes de que el marxismo-leninismo se convirtiera en la ideología oficial de Cuba a principios de la década de 1960, la isla era el epicentro del nacionalismo latinoamericano. A lo largo del siglo XX, ese sentimiento se vio avivado por la implacable injerencia política y militar de Estados Unidos, especialmente en el Caribe, lo que frenó el desarrollo de las repúblicas latinoamericanas y dejó a los liberales y demócratas políticamente aislados.

No es de extrañar, pues, que gran parte de América Latina haya simpatizado durante mucho tiempo con Cuba, presentada como el David frente al Goliat estadounidense. Esa simpatía tuvo consecuencias duraderas, ya que generaciones de jóvenes de toda la región idealizaron y trataron de emular a Fidel Castro y al Che Guevara. Hoy, mientras Cuba se enfrenta a una crisis económica y humanitaria cada vez más grave, agravada por el bloqueo petrolero del presidente estadounidense Donald Trump, esa narrativa histórica sigue marcando la percepción de la difícil situación del país.

Sin embargo, los errores de Estados Unidos, incluida la invasión de Bahía de Cochinos de 1961 y su embargo comercial de décadas, son solo una parte de la historia. En última instancia, la principal responsabilidad de la grave situación actual de Cuba recae en el propio régimen comunista.

Cuando Castro salió de su bastión en las montañas de la Sierra Maestra, donde había librado una insurgencia contra el régimen de Fulgencio Batista, fue ampliamente considerado como el salvador de Cuba. Su llegada a La Habana en 1959 fue posteriormente mitificada en la popular canción Y en eso llegó Fidel, que retrata a un país al borde del colapso, a la espera de ser rescatado:

Y aquí pensaban seguir

Jugando a la democracia

Y el pueblo que en su desgracia

Se acababa de morir

Y se acabó la diversión

Llegó el comandante

Y mandó a parar

Pero esta narrativa se parecía poco a la realidad. El régimen de Batista, una brutal dictadura militar, difícilmente estaba “jugando a la democracia”. Al mismo tiempo, sin embargo, la Cuba de Batista conservaba elementos de una sociedad pluralista, incluyendo docenas de periódicos y una vibrante vida cultural.

Castro tampoco restableció el orden. En cambio, estableció la primera dictadura latinoamericana que no hizo ningún intento por disimular su naturaleza, desmantelando el Estado de derecho, aboliendo las libertades e imponiendo un sistema de partido único. Prevaleció el dogma marxista, impuesto mediante la reeducación y los campos de trabajo, así como un vasto aparato de vigilancia dirigido por los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), que el propio Castro describió como “un millón de tapabocas”.

Es importante destacar que el pueblo cubano “no estaba por morir”. En 1958, Cuba tenía el tercer PIB per cápita más alto de América Latina, solo por detrás de Venezuela y Uruguay, y producía el 80 % de los alimentos que necesitaba. En 1958, para una población de poco más de 6 millones de habitantes, había 6 millones 325 mil reses, es decir, aproximadamente una por persona. El consumo anual per cápita de carne de res alcanzaba los 34 kilogramos (76 libras).

Esa relativa prosperidad se desvaneció cuando el régimen de Castro desmanteló el sector privado, comenzando por las grandes empresas antes de pasar a las medianas y pequeñas. Solo en 1968, se expropiaron unas 58 mil pequeñas empresas, desde puestos ambulantes de comida hasta peluquerías.

Paradójicamente, buena parte de esos negocios habían sido creados después de la Revolución. Sus propietarios, tildados de «pequeñoburgueses», fueron obligados a realizar trabajos de labor intensiva en agricultura o construcción. Incluso se eliminaron las pequeñas parcelas campesinas dentro de las granjas estatales. El único empresario que quedó fue el Estado, personificado por Castro.

A continuación, se llevaron a cabo grandes experimentos económicos, a menudo con resultados desastrosos: un intento absurdo de cruzar ganado cebú con vacas lecheras Holstein, la destrucción de manglares para improductivas plantaciones de café y la desafortunada campaña para producir diez millones de toneladas de azúcar. Estas políticas devastaron la diversa economía rural de Cuba.

Afortunadamente para Castro, contaba con amigos en el Kremlin. Entre 1960 y 1990, la Unión Soviética proporcionó a Cuba 65 mil millones de dólares en ayudas, lo que le permitió lograr avances significativos en educación y sanidad, aunque Cuba ya era líder regional en ambos ámbitos antes de la revolución. Cuando esas ayudas se agotaron tras el colapso soviético, Castro podría haber seguido el camino de China y abrir la economía sin perder el control político.

Pero pronto apareció un segundo salvavidas en la figura del difunto presidente venezolano Hugo Chávez, cuyo régimen proporcionó a Cuba subsidios que superaban incluso el apoyo soviético en su momento álgido. Solo en 2010, los subsidios venezolanos ascendieron a un total de 13 mil millones de dólares.

Cuando esta ayuda comenzó a disminuir, el entonces presidente Raúl Castro, que sucedió a su enfermo hermano en 2008, se enfrentó a otra oportunidad de llevar a cabo un cambio significativo. Ante una economía esclerótica controlada por el Estado, insistió en que «la idea de que Cuba es el único país donde la gente puede vivir sin trabajar debe borrarse para siempre». Pero él también se negó a introducir una genuina reforma económica, no se diga a considerar una apertura política.

La realidad económica actual de Cuba contrasta radicalmente con la de la época precomunista. En 2023, la producción azucarera era un 5% del nivel anterior a Castro, mientras que el número de cerdos se había reducido un tercio, de la Revolución a la fecha. El país importa ahora más del 70 % de sus alimentos. En los primeros cinco meses de 2025, las importaciones procedentes de Estados Unidos, entre las que se incluyen pollo, leche en polvo y carne de cerdo, superaron los 200 millones de dólares, lo que supone un aumento del 16.6 % con respecto al mismo periodo del año anterior.

Las exportaciones cubanas también se han desplomado, cayendo un 74 % entre 1985 y 2023. La población ganadera se ha reducido a 2.9 millones de cabezas (en un país de 11 millones de habitantes), pero matar vacas está severamente penado. Como resultado, el consumo anual de carne de res por persona es de apenas 438 gramos, es decir, menos del 1 % de lo que era en 1958.

Las estadísticas, por supuesto, no reflejan el alcance total del declive de Cuba. Miriam Gómez, viuda del escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, quien vivió en el exilio desde 1965 hasta su muerte en 2005, me ofreció un triste relato:

“Cuba es un país borrado, sus bellísimos edificios son escombros donde la gente se sienta para morirse. Dicen que el mal olor es inaguantable. Cuba que olía tan bien, es lo que más recuerdo y añoro: ¡cómo se pasaba del jazmín a la gardenia, al galán de noche, a la madreselva, al platanito maduro frito, miles de olores maravillosos que el trópico acentúa. Por desgracia ahora solo acentúa la peste, hasta las plantas se ven mustias, y la gente es otra …”.

Hoy, Cuba se enfrenta a lo que podría ser su tercera oportunidad de reforma. Pero el cambio económico, si finalmente ocurre, debe ir acompañado de una reforma política. Nada menos que la restauración de la República es admisible. Cuando los cubanos puedan finalmente leer con libertad, podrán volver a las obras de Cabrera Infante y recuperar el recuerdo de la isla que una vez conocieron, y que quizá vuelvan a conocer. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Enrique Krauze, historiador, ensayista y editor, dirige la revista cultural Letras Libres y es autor de libros como Mexico: Biography of Power (Harper Perennial, 1997) y Redeemers: Ideas and Power in Latin America (Penguin Random House, 2011).

SIN COMENTARIOS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Salir de la versión móvil