De capos a gerentes

Sin los viejos capos, los jóvenes que ahora ocupan su lugar tienen estilos de liderazgo diferentes: optan por las redes sociales, la moda y también la exhibición, pero al mismo tiempo tienen una formación y visión empresarial en un entorno más fragmentado que el que le tocó a sus padres, coinciden especialistas.

El rostro del narcotráfico en México está cambiando. Con la extradición a Estados Unidos de Joaquín “El Chapo” Guzmán y la detención en ese país de Ismael “El Mayo” Zambada, además del abatimiento de Nemesio Oseguera “El Mencho”, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Sinaloa se ven obligados a darle lugar a una nueva generación de líderes, unos más jóvenes y con un perfil completamente diferente al que se asociaba a los “viejos capos”.

No es sólo un relevo de nombres, sino un cambio en el estilo de liderazgo y la forma de operar y proyectarse, opinan. Los especialistas en seguridad pública Víctor Hernandéz, David Saucedo, Víctor Sánchez y Erubiel Tirado explican a EL UNIVERSAL que en los grupos criminales el relevo generacional tiene un fuerte componente dinástico.

Hijos, sobrinos e incluso hijastros de antiguos cabecillas han asumido posiciones clave. En el caso del Cártel de Sinaloa, el liderazgo se disputa entre dos grandes facciones: por un lado, Los Chapitos, encabezados por Iván Archivaldo Guzmán; por otro, el grupo ligado al hijo de “El Mayo”, Ismael Zambada Sicairos, Los Mayitos.

Esta división ha derivado en una confrontación interna que ya supera el año y medio. Mientras que en el CJNG el panorama es menos claro. Aunque diversas versiones apuntan a Juan Carlos Valencia González, hijastro de “El Mencho”, como posible sucesor, analistas advierten que el mando podría estar distribuido entre varios comandantes regionales.

NUEVOS ROSTROS

Para el público, los rostros son nuevos, pero no para las organizaciones, de acuerdo con Sánchez, quien advierte que ‘tanto Ismael Zambada como Iván Archivaldo tienen una carrera de varios años, o sea, tampoco es que sean nuevos, incluso Juan Carlos Valencia ya tienen muchos años, pero no han estado en la primera línea de los reflectores’.

Además, uno de los cambios más significativos a los que se han enfrentado la mayoría de organizaciones criminales es la duración del poder.

David Saucedo lo plantea así por la intensa presión de las autoridades mexicanas y estadounidenses por “descabezar” a la mayoría de las asociaciones ilícitas que les sea posible.

Un liderazgo del narcotráfico en la década de los años 80 o 90 podía durar 30 años, más o menos. Un liderazgo de narcotráfico a principios del siglo podía durar 20 años, y ahorita un nuevo liderazgo puede durar 10 años por la presión que ejercen los estadounidenses y el gobierno de México’, explica.

NUEVOS DEBERES

La nueva generación de capos no sólo hereda poder, sino que aprovecha al máximo sus nuevas capacidades, perfeccionando sus perfiles hasta sofisticarlos.

Víctor Hernández explica que los perfiles ya no vienen de sectores humildes, como “El Chapo”, quien no sabía leer, o “El Mayo”, que tiene orígenes en el campo, sino que los prospectos actuales son como los de sus hijos, estudiantes de escuelas privadas y con licenciaturas terminadas.

Los que hoy cobran mejor por hacer fentanilo son químicos, ingenieros químicos o becarios (…) Sospecho que van a ser abogados, jóvenes egresados de universidades privadas que saben lavar dinero, o administradores’, dice Hernández.

Asimismo, su extensión en diversos temas los ha vuelto capaces de hablar otros idiomas y de entender los mercados globales, lo que ha permitido a los cárteles expandirse hacia otros continentes.

Erubiel Tirado hace énfasis en que los nuevos líderes no sólo son los encargados de ordenar y distribuir, sino que se han llegado a diversificar para manejar estructuras complejas, como si fueran una franquicia. Así como de ampliar sus negocios para que no se dediquen únicamente al narcotráfico.

Son figuras que están ilustradas, que no vienen de, digamos, ocupaciones modestas. Ahora ya tenemos figuras que hablan otros idiomas, que tienen una actitud gerencial y eso es, desde mi punto de vista, lo que explica esta, digamos, internacionalización tan global que han tenido’, dice Tirado.

ESTRENAN APARIENCIA

Pese a que Víctor Sánchez menciona que los liderazgos deberían tender a la discreción debido a su alto perfil delictivo y a que su permanencia en el poder es cada vez más breve, la realidad muestra matices. Bajo esta lógica, los nuevos capos no tendrían incentivos para exponerse, como lo hizo “El Chapo” Guzmán, quien en distintos momentos de su trayectoria mostró rasgos de megalomanía, desde entrevistas hasta intentos por construir su propia narrativa pública.

Sin embargo, David Saucedo plantea una lectura distinta: lejos de ocultarse, una parte de esta nueva generación adopta comportamientos propios de celebridades. Se trata de figuras que no sólo toleran la exposición, sino que la buscan activamente. En redes sociales, en particular, algunos líderes o sus círculos cercanos difunden imágenes, mensajes y hasta amenazas, e incluso pagan por ello, construyendo una identidad pública que mezcla poder criminal y cultura popular.

Esta estética del narco contemporáneo incluye vínculos con cantantes de música regional, aparición indirecta en narcocorridos y una referencia a símbolos de estatus: autos de lujo, oro, ropa de diseñador, relojes exclusivos, animales exóticos y entornos de opulencia.

Los últimos liderazgos del narco que han llegado a posiciones prominentes tienen vida de tiktokers. Los Mayitos, por ejemplo, que son entrevistados, tienen contacto con grupos musicales, influencers, narcocorridos. No tienen esta posición discreta o reservada que tenían sus antecesores (…), más bien se caracterizan por tener una postura absoluta (…) de rockstars y eso también se ve en su ropa, sus lujos’, señala Saucedo.

En algunos casos, incluso se documentan y difunden fragmentos de actividades delictivas o despliegues armados, que refuerzan una narrativa de poder y control territorial. Hernández hace hincapié en que, si bien hay más jóvenes, los grupos criminales prefieren a personas experimentadas, con unos años dentro de las agrupaciones, para que también cuenten con la madurez de un guía y no caigan sólo en comportamientos agresivos.

Esta exposición contrasta con la lógica tradicional del narcotráfico, donde el anonimato era una herramienta clave de supervivencia.

Hoy, en cambio, conviven dos modelos: el que apuesta por el bajo perfil estratégico y el que utiliza la visibilidad como mecanismo de intimidación, posicionamiento e incluso reclutamiento.

EL DATO

30 años podía durar un liderazgo del narco en los años 80 o 90; actualmente sólo permanecería una década.

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