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Recuperar la democracia del mercado

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Michael J. Sandel intrevistado por Daron Acemoglu, Project Syndicate.

Con la creciente desigualdad alimentando la ira populista y la inteligencia artificial amenazando con desplazar a la mano de obra humana, el economista ganador del Premio Nobel Daron Acemoglu del MIT se reunió recientemente con el filósofo político Michael J. Sandel de la Universidad de Harvard para debatir cómo se puede revitalizar la democracia antes de que el daño sea irreversible. Su amplia conversación explora el lado oscuro de la meritocracia, los límites de los mercados, el significado de la libertad y el control cada vez mayor de las empresas tecnológicas sobre la esfera pública.

LA FILOSOFÍA ESTÁ EN LAS CALLES

Daron Acemoglu: De nuestras conversaciones, y más aún de sus libros, tengo la sensación de que usted ve la filosofía política no solo como una investigación de conceptos abstractos o una búsqueda de verdades absolutas, sino como parte de un diálogo continuo con la sociedad sobre cómo debemos organizar nuestra vida colectiva, qué debemos valorar y a qué debemos resistirnos. Quería saber cómo ve usted la filosofía política, cómo ha evolucionado su propia filosofía y cómo el campo en su conjunto puede centrarse mejor en esta tarea esencial.

Michael Sandel: Lo ha entendido perfectamente. Algunas personas imaginan la filosofía como una actividad que reside en los cielos, mucho más allá del mundo en el que vivimos. Yo creo que la filosofía pertenece a la ciudad, donde se reúnen los ciudadanos.

Esta concepción de la filosofía se remonta a Sócrates, que deambulaba por las calles de Atenas en lugar de ponerse detrás de un atril o escribir libros. Bajaba al puerto del Pireo, se relacionaba con ciudadanos de todos los ámbitos de la vida, les hacía preguntas y les invitaba a reflexionar sobre las leyes y los principios por los que se regían.

Me parece muy atractiva esta imagen de la filosofía como algo comprometido con el mundo. Especialmente ahora, cuando las democracias atraviesan dificultades y el debate público es pobre y combativo, necesitamos recuperar el arte del discurso democrático. Para ello es necesario razonar juntos sobre las grandes preguntas: ¿Qué hace que una sociedad sea justa? ¿Qué papel deben desempeñar el dinero y los mercados? ¿Y qué nos debemos unos a otros como conciudadanos? La ciudadanía exige que cada uno de nosotros sea filósofo, al menos en cierta medida.

Daron Acemoglu: Estoy completamente de acuerdo, pero permítame hacer una distinción importante. Algunas personas, tanto filósofos como otras ajenas al campo, también creen que la filosofía debe centrarse en el mundo real, pero siguen buscando principios generales, como el imperativo categórico de Kant, la voluntad general de Rousseau o el principio de diferencia de John Rawls. Lo que yo entiendo que defiendes es más bien una forma de disciplinar el debate para que podamos, democráticamente o por otros medios, llegar a conclusiones o compromisos viables. ¿O estoy interpretando demasiado?

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