Como dicen en Chiapas: “con vos quiero platicar”. Te conocí en la sala de espera del periódico “Vanguardia” de Saltillo, donde yo escribía en esos tiempos, propiedad de Armando Castilla. Fue en 1989, tú eras presidente del PRI, y yo un empedernido luchador social en la Universidad, en las Colonias y los ejidos de Coahuila.
La plática inicial se convirtió en debate, pero tu actitud fue tolerante. Aceptaste los temas de la discusión, defendiste el partido que dirigías, pero admitiste la crítica, asumiste el reto y me lanzaste otro: ingresar a tu partido para cambiarlo por uno de otro tipo, que entendiera la nueva realidad del país.
Me invitaste a incorporarme al Movimiento para el Cambio Democrático que dirigía dentro del PRI, mi amigo, Julio Hernández López. La decisión no fue sencilla, pero el entusiasmo de Julio, sus ideas y su invitación a la rebeldía fueron factores que contribuyeron a aceptar tu invitación.
