
Ahora el tema de moda, para distraer la atención pública, es el llamado Plan B. Se trata de una segunda iniciativa presidencial en materia de reforma electoral. De alguna manera, viene en sustitución de la anterior, que fue desechada la semana pasada en la Cámara de Diputados, su cámara de origen, al no haber alcanzado la mayoría calificada de las dos terceras partes de los diputados presentes, requisito establecido cuando se trata de enmiendas a la Constitución.
En respuesta a tal desaprobación, que el régimen ve como una especie de agravio, la titular del Ejecutivo, Claudia Sheinbaum, anunció de inmediato el pronto envío de una nueva iniciativa –el plan B– sobre la misma materia, aparentemente con el ánimo de cobrar la afrenta ocasionada por el rechazo de la anterior, que se interpreta fue el plan A.





