17.8 C
Monclova
domingo, febrero 22, 2026
spot_img

La forma en la que te quedaste

Por: Azul Yuliana Flores López

El problema con las historias importantes es que casi nunca avisan. No llegan con fuegos artificiales ni frases memorables. Llegan un martes cualquiera, cuando no estás buscando nada, cuando crees que ya entendiste cómo funciona la vida. Así empezó esto sin promesas, sin expectativas, sin saber que estaba a punto de convertirse en lo más difícil de soltar.

Lo conocí hablando de temas que no importaban. De tareas atrasadas, de canciones viejas, de lo cansados que estábamos sin saber exactamente de qué.

TE PUEDE INTERESAR: El deseo de ser madre

—Solo cinco minutos más —me dijo esa vez, mirando el reloj. Nos quedamos casi dos horas.

No fue un flechazo. Fue algo más lento, más peligroso, una costumbre: sentarnos siempre en el mismo lugar, buscarlo entre la gente, caminar sin rumbo para no despedirnos pronto. El día era un poco más soportable si coincidíamos. El cariño se nos metió en la rutina: mensajes de madrugada que no decían nada importante, compartir audífonos, aunque yo siempre escuchara menos, aprender a quedarnos en silencio sin que doliera. Nunca dijimos “esto es amor”. Decirlo parecía demasiado grande, como si al nombrarlo pudiéramos romperlo.

—Me gusta cómo no me preguntas cosas que no quiero responder —me dijo una vez, mirando el techo.

—Me gusta que no tengas que fingir conmigo —le contesté.

Nos miramos un segundo de más. No hizo falta decir nada extra.

Su enfermedad no llegó como una tragedia repentina. Llegó como todo lo que fuimos, despacio. En citas médicas que no explicaba bien, en pastillas que escondía rápido, en cansancios que no coincidían con el día que habíamos tenido.

—No es grave —decía siempre, con esa sonrisa que usaba para tranquilizar a los demás—. Solo es algo con lo que nací.Yo quise creerle, porque a veces amar también es aferrarse a la versión menos dolorosa de la verdad.

El día que me dijo lo que realmente pasaba no lloró. Eso fue lo que más dolió.

—Mi cuerpo no sabe quedarse —me explicó con una calma que me rompió—. No es cosa mía, tarde o temprano va a irse.

Sentí que el mundo se encogía parte por parte.

—No quiero que me recuerdes con tristeza —me dijo entonces—. Prefiero que pienses en mí y sonrías, aunque sea poquito.

Me quedé callada, pensando en todo lo que ya estaba perdiendo.

—No sé si pueda prometerte eso —admití.

Él tomó mi mano con cuidado.

—Entonces prométeme que no te vas a arrepentir de haberme querido.

Asentí, porque eso sí era verdad, porque incluso sabiendo el desenlace, volvería a elegirlo.

Seguimos viéndonos, incluso con más cuidado. Cada risa tenía peso. Cada abrazo duraba un segundo más de lo necesario. No hablábamos del final, pero estaba ahí esperando.

—Si el tiempo se acabara mañana —me preguntó una noche—, ¿me elegirías hoy?

—Sí —respondí—. Incluso sabiéndolo todo.

Cuando ya no pudo quedarse, no hubo escenas dramáticas. No hubo despedidas largas, sólo una mano apretando otra, como si ese gesto bastara para sostener lo que no íbamos a decir.

Después de que se fue, el mundo siguió avanzando. Al principio me pareció injusto; luego entendí que él nunca quiso que me detuviera por su culpa. Empecé a sentirlo en lugares inesperados: canciones que aparecían justo cuando las necesitaba, decisiones pequeñas que tomaba sin pensarlo y que, de algún modo, siempre se parecían a él. No estaba conmigo, pero tampoco estaba lejos. Era como si quedarse ya no necesitara un cuerpo.

TE PUEDE INTERESAR: El llavero

Hubo días tranquilos y eso me sorprendió. Pensar en él ya no era una herida abierta, sino una presencia suave. Como una mano en la espalda diciéndome sigue. Aprendí que amarlo no terminó cuando se fue. Continuó en la forma en que ahora escucho con atención, en cómo me quedo incluso cuando tengo miedo, en cómo ya no huyo de lo que siento.

A veces me descubro sonriendo sin darme cuenta y no me siento culpable, porque sé que eso era lo que él quería: no ser una ausencia pesada, sino una memoria ligera. Algo que me acompañara, no que me detuviera.

No compartimos un plano terrenal; pero seguimos existiendo en el mismo amor. Entendí que hay personas que no se van. Se vuelven luz en todo lo que tocamos después de amarlas.

AZUL YULIANA FLORES LÓPEZ (Monclova, Coahuila, 2009). Cursa cuarto semestre en la carrera de Técnicos en Servicios de Hospedaje del CBTa No. 22 y forma parte del taller literario. En 2024 ganó el tercer lugar del VIII Concurso para Relatos de Terror organizado por el club del plantel y su Tamalera. Es una entusiasta de los documentales sobre asesinos seriales, crímenes y películas de terror. Además, es una gran fanática del autor Stephen King y pretende seguir sus pasos.

ILUSTRADORA:

SOFÍA GRANADOS RIOJAS (Delicias, Chihuahua, 2010). Estudiante del CBTA No. 22 en la carrera de Técnico en Ofimática. Desde pequeña encontró en la ilustración un refugio personal, pues, ante las dificultades para socializar, el dibujo se convirtió en un mundo propio al que puede escapar de vez en cuando, un espacio donde ella establece las reglas y da vida a sus propias historias. Descubrió el club gracias a la recomendación de un profesor y decidió integrarse con el deseo de aportar y ayudar a través de lo que más le apasiona: dibujar.

Related Articles

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisement -spot_img

Ultimas noticias