
Claudia Sheinbaum anunció un adelanto sobre la iniciativa que enviará al Congreso, encaminada a disminuir las pensiones millonarias que reciben exfuncionarios de confianza del Gobierno Federal y su inminente liga al tope del sueldo presidencial. El anuncio trajo nuevamente a la mesa el debate de la austeridad republicana, tan invocada y al mismo tiempo abusada por los propios gobernantes de Morena para justificar el mal uso de los recursos públicos, bajo el argumento de desterrar prácticas consideradas excesivas y la consigna electorera de que los recursos públicos deben destinarse a los programas de Bienestar.
En el pasado, las leyes federales de Austeridad Republicana y de Remuneraciones de 2018 no sólo congelaron los sueldos de los funcionarios públicos, sino que también provocaron en su momento el enfrentamiento entre el Poder Judicial y el Poder Ejecutivo a cargo de Andrés Manuel López Obrador, confirmando la pretendida, pero aún hoy inexistente, división e independencia de los poderes que norman la vida política de México.
TE PUEDE INTERESAR: La hoja literaria mensual ‘Papel de Poesía’ en Saltillo
Se afirma que históricamente los poderes Judicial y Legislativo estuvieron sometidos al Poder Ejecutivo, pero igualmente puede afirmarse que hoy sucede lo mismo, con la diferencia de que en los tiempos priistas la excepción la constituyó la asignación de sus dietas y salarios, que se dejaba a su libre arbitrio.
Precisamente, los sueldos y prebendas del Poder Judicial motivaron el largo debate entre López Obrador y la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), que derivó en su reforma total ya en el gobierno de Sheinbaum, con la sustitución, en su mayoría, de la inveterada sabiduría judicial de sus jueces, magistrados y ministros por la inexperiencia y la improvisación de nuevos integrantes, electos en una votación popular chapucera y deshonrosa.
Hasta ahora y por encima de leyes y decretos, y contrario a lo pregonado por el partido en el poder, los “recatados” miembros de la clase política morenista continúan teniendo el poder del rey Midas para convertir en oro sus sueldos y obtener jugosas prebendas. Así lo demuestran los millonarios desfalcos de Jesús Ramírez Cuevas para el financiamiento de las campañas políticas de su partido; la adquisición de los vehículos más lujosos para uso personal de los magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; la sala estética al servicio de senadoras y senadores en el mismo recinto legislativo; la ostentosa riqueza del senador y exsecretario de Gobernación, Adán Augusto López, y las extravagancias que hasta ahora se han hecho públicas de Gerardo Fernández Noroña, expresidente del Senado.
Cuenta la leyenda griega que el rey Midas, en su afán de riquezas, pidió a Dioniso que le concediera el don de convertir en oro todo lo que tocara. Al principio, Midas era el hombre más feliz de la tierra; cualquier brizna de hierba se le convertía en una pepita de oro, pero resultó que la comida y el vino también, y el legendario rey de Frigia quiso volverse loco cuando al cargar a su hijo apareció en sus brazos una pequeña estatua de oro. Para que Midas volviera a su estado normal, fue necesario que se diera un baño en el río Pactolo, que desde entonces lleva las pepitas del preciado metal y las reparte entre los súbditos del reino.
TE PUEDE INTERESAR: Sheinbaum eliminará pensiones millonarias de exfuncionarios federales; recibirán la mitad de lo que gana la presidenta como máximo
También cuenta la leyenda que Midas arbitró un concurso de flauta entre Apolo y Pan, y concedió la victoria a este último. Apolo, enojado, le dio orejas de asno al rey. Midas las escondía usando un gorro frigio, pero su peluquero no pudo guardar silencio y fue a cavar un agujero cerca del río para murmurar ahí: “El rey Midas tiene orejas de asno”. Poco después crecieron unos rosales en el lugar y susurraban el secreto a todos los que pasaban por allí. Midas fue, entonces, el más infeliz de la tierra.
Así es la opinión pública: cobra peso poco a poco y, eventualmente, la conciencia ciudadana empieza a intervenir en las acciones erradas de gobernantes e instituciones para exigir su corrección. No sabemos lo que hay más allá de las Mañaneras del Pueblo ni lo que se esconde en las habitaciones del Palacio Nacional, ni en las cuentas de quienes pregonan austeridad sin practicarla ellos mismos. El juicio de Juan Pueblo decidirá a quién poner las orejas de asno y los vientos de la transparencia se encargarán de divulgar el secreto.





