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¿Algo se está cocinando? Parte I: Lo que se lee entre líneas

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La reciente publicación del libro sobre la administración de López Obrador, escrito por un periodista cercano a Salinas Pliego y basado en testimonios de Julio Scherer Ibarra, representa mucho más que un escándalo editorial. Es una pieza dentro de un tablero político más amplio donde convergen intereses heridos, ambiciones personales y una oposición que afila sus cuchillos buscando recuperar el poder perdido.

El timing no es casual. Justo cuando la presidenta Claudia Sheinbaum consolida su gobierno, aparece un libro que lanza acusaciones graves de corrupción y violaciones a normas, pero sin presentar pruebas documentales suficientes. Esta es precisamente la estrategia: no busca convencer mediante evidencia, sino contaminar la percepción pública. La acusación queda flotando y se reproduce en medios afines, independientemente de su veracidad, porque desmentir requiere mucho más esfuerzo que acusar.

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Scherer Ibarra ocupó una posición privilegiada como consejero jurídico de la Presidencia. Si realmente presenció actos graves, ¿por qué no los documentó en su momento? ¿Por qué no renunció antes si la situación era tan terrible? ¿Por qué esperar a publicar un libro vendible en el momento políticamente más útil para los opositores? Estas preguntas no invalidan que pueda haber críticas legítimas, pero sí cuestionan la autenticidad del testimonio y revelan un patrón conocido: el insider que se convierte en crítico cuando no obtiene lo que esperaba.

Los autores probablemente cayeron en una trampa de quienes los patrocinan. Alguien con recursos les habrá prometido inmunidad mediática y respaldo total, convenciéndolos de que esto tumbaría al gobierno. Pero cuando lleguen las demandas legales, ¿seguirá ahí ese respaldo o los dejarán solos enfrentando las consecuencias? Los autores arriesgaron su nombre y credibilidad. Los patrocinadores solo arriesgaron dinero.

Aquí emerge la paradoja más reveladora: este libro existe precisamente porque hay libertad de expresión real en México. Bajo el PRI o el PAN, un libro así habría sido bloqueado. La ironía es demoledora: usan la libertad que da el proyecto de transformación para atacarlo, acusándolo precisamente de autoritarismo.

Pero no pensemos que este libro es un evento aislado. Es carne lanzada a perros hambrientos, una herramienta para crear un remolino de incertidumbre. Y funciona no porque tenga sustento, sino porque alimenta las expectativas de una oposición fragmentada pero desesperada, de sectores empresariales que perdieron privilegios, de medios resentidos por la pérdida de control sobre la narrativa nacional.

Aquí entra un actor central: Ricardo Salinas Pliego. Durante décadas operó con impunidad absoluta, evadiendo impuestos y usando sus medios como armas políticas. Pero Sheinbaum rompió ese patrón al obligarlo a pagar lo que debía. Un empresario con esos recursos y esos resentimientos no acepta la derrota pasivamente. Busca venganza, y la encuentra aliándose con una oposición dispuesta a cualquier cosa. El libro de Scherer es, en ese contexto, una de sus armas.

Para entender el alcance real de esta ofensiva, hay que leerla junto a un antecedente que no debe perderse de vista. Ya en 2023, a mitad del sexenio anterior, Hernán Bruera publicó “Traición en palacio”, donde denunció las luchas internas, las ambiciones y las fracturas que se vivían dentro del gabinete de López Obrador. Ahora el libro de Scherer retoma ese hilo y lo extiende. Juntos, los dos textos aportan elementos para entender, al menos parcialmente, lo que ocurre detrás del poder: las tensiones reales, las lealtades rotas, las disputas que ningún proyecto político, por más cohesionado que parezca desde afuera, logra evitar.

Pero ninguno de los dos prueba que el presidente haya sido traicionado en el sentido moral del término. Lo que documentan es algo más universal: todo liderazgo fuerte genera competencia interna. Cuando el líder concentra legitimidad, la disputa se concentra abajo. Eso no es anomalía, es la mecánica del poder. Vistos así, ambos libros no son actas de defunción del proyecto obradorista, sino registros de una etapa de consolidación que desmitifican el poder y normalizan la fricción inevitable en cualquier gobierno de envergadura. Las huellas institucionales que dejó López Obrador son difíciles de borrar, precisamente porque no fueron obra de un gabinete armonioso, sino de una voluntad política que avanzó incluso en medio de sus propias contradicciones.

Porque la madurez de un proyecto no se mide cuando gobierna cómodo, sino cuando enfrenta sus errores y los corrige sin negar la realidad. La pregunta no es si el libro de Scherer dice verdades o mentiras. La pregunta es: ¿qué patrón más amplio representa? ¿Qué otros movimientos ocurren simultáneamente? ¿Estamos viendo las primeras señales de algo que se está cocinando?

Y aquí viene la pregunta más profunda: si el gobierno de Claudia Sheinbaum logra consolidar lo iniciado, corregir los errores heredados y resistir esta ofensiva coordinada sin perder el rumbo, entonces ya no estaríamos hablando de una simple etapa política. Estaríamos ante una transformación histórica real, de esas que dejan al país en un punto de no retorno.

Continuará…

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