
Por: Jennifer Valentino-DeVries and Kashmir Hill
Es difícil inquietar a Julia Sheffield, psicóloga especializada en tratar a personas con delirios. Pero el verano pasado se sintió desconcertada cuando algunos pacientes empezaron a contarle sus conversaciones con chatbots de IA.
Una mujer, sin antecedentes de enfermedad mental, pidió consejo a ChatGPT sobre una compra importante que le preocupaba. Tras varios días en los que el robot validó sus preocupaciones, se convenció de que las empresas estaban confabuladas para que el gobierno la investigara.
Otra paciente llegó a creer que una pareja sentimental le enviaba mensajes espirituales secretos. Otro pensó que había descubierto un invento que cambiaría el mundo.
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A finales de año, Sheffield había atendido a siete pacientes de este tipo en el Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt, en Nashville, Tennessee. Aunque está acostumbrada a tratar a personas con inestabilidad mental, a Sheffield le perturbaba que esta nueva tecnología pareciera hacer que la gente pasara de tener simplemente pensamientos excéntricos a delirar por completo.
“Era como si la IA colaborara con ellos para ampliar o reforzar sus creencias inusuales”, afirmó Sheffield.
Los trabajadores de la salud mental de todo el país se están planteando cómo tratar los problemas causados o exacerbados por los chatbots de IA, según más de 100 terapeutas y psiquiatras que contaron sus experiencias a The New York Times.
Aunque muchos mencionaron los efectos positivos de los bots —como ayudar a los pacientes a comprender sus diagnósticos—, también dijeron que las conversaciones agravaron los sentimientos de aislamiento o ansiedad de los pacientes. Más de 30 describieron casos que provocaron emergencias peligrosas, como psicosis o pensamientos suicidas. Una psiquiatra de California que suele evaluar a personas en el sistema judicial dijo que había visto dos casos de delitos violentos incitados por la IA.
Los periodistas del Times han documentado más de 50 casos de crisis psicológicas relacionadas con conversaciones de chatbot desde el año pasado. OpenAI, el fabricante de ChatGPT, se enfrenta al menos a 11 demandas por lesiones personales o muerte por negligencia, en las que se alega que el chatbot causó daños psicológicos.





