El Estadio BBVA fue escenario de una noche cargada de memoria y futbol cuando México y el Equipo Internacional protagonizaron el Juego de Leyendas ante 23 mil 523 aficionados que no fueron a ver un resultado, sino a reencontrarse con jugadores que marcaron época. El marcador, las jugadas y hasta la definición desde el manchón penal fueron el pretexto perfecto para un espectáculo que combinó nostalgia, técnica y guiños al pasado.
Desde el arranque, el equipo mexicano mostró intención. En los primeros minutos tocó el balón con calma y se plantó en campo rival, como si el tiempo no hubiera pasado. Esa iniciativa encontró premio temprano cuando Luis Hernández apareció para firmar uno de los momentos más celebrados de la noche. El “Matador” recortó a Marco Materazzi, lo dejó en el camino y definió con suavidad para abrir el marcador. La tribuna respondió de inmediato, consciente de que ese gesto técnico resumía buena parte de su recuerdo colectivo.
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