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lunes, febrero 23, 2026
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Valor sentimental: La casa donde el cine volvió a doler

El arte como herencia incómoda

En Valor sentimental, Joachim Trier regresa al territorio que mejor conoce: la intimidad emocional como campo minado. Esta vez lo hace desde el corazón de una familia fracturada, donde el cine no aparece como salvación, sino como una forma tardía —y ambigua— de reparación. Gustav, un director veterano interpretado con hondura crepuscular por Stellan Skarsgård, reaparece en la vida de sus dos hijas con una propuesta tan íntima como violenta: filmar una película basada en su propia historia familiar.

El gesto, lejos de unir, vuelve a abrir grietas.

Hermanas, padre y la memoria que no obedece

Nora (Renate Reinsve), actriz de teatro marcada por el pánico y la rabia contenida, rechaza participar en la película. Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas), más estable en apariencia, observa cómo el pasado se reorganiza sin pedir permiso. La decisión de Gustav de entregar el papel a una joven estrella —interpretada por Elle Fanning— no es solo un conflicto narrativo: es una traición simbólica. El padre parece cuidar mejor a una extraña que a sus propias hijas.

Aquí el cine no cura: invade.

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