
Ante la desaceleración económica, la caída en la actividad industrial y un entorno de incertidumbre rumbo al arranque de 2026, empresarios hoteleros de Saltillo coincidieron en una advertencia clara: bajar tarifas de manera indiscriminada puede resultar más dañino que la baja en la ocupación misma.
Durante un encuentro entre hoteleros, operadores turísticos y autoridades del sector, se expuso que en las últimas semanas varios hoteles de la ciudad —tradicionalmente posicionados por encima de los 2 mil pesos por noche— han reducido sus tarifas por debajo de ese umbral, e incluso algunos han caído a niveles cercanos a los 900 pesos.
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Para los participantes, esta estrategia no solo compromete la rentabilidad, sino que abre una “carnicería” de precios que termina afectando a toda la plaza.
“Prefiero tener 10 cuartos con buena tarifa que 30 con el mismo ingreso, pero mucho más desgaste en nómina, suministros y operación”, se señaló durante la sesión. “Cuando te ven barato hoy, subir en enero o febrero se vuelve casi imposible”.
Rentabilidad hoy para sobrevivir mañana
El consenso fue que defender la tarifa es una decisión estratégica, no un capricho. Mantener precios permite sostener la rentabilidad en un momento en el que ya se anticipan presiones adicionales: inflación cercana al 5%, ajustes salariales, costos laborales crecientes y una eventual reducción de la jornada laboral que impactará directamente en la productividad y la estructura de costos.
Uno de los ejercicios compartidos fue contundente:si no se ajustan precios al menos en línea con la inflación y los costos laborales, el valor real del dinero se erosiona, aunque el ingreso nominal parezca estable.
“Con 100 pesos hoy compras menos que hace un año. Si no ajustas tarifas, estás perdiendo valor presente neto, aunque tu hotel esté lleno”.
El riesgo de acostumbrar al mercado a precios bajos
Varios participantes recordaron la experiencia de la pandemia: tarifas de emergencia que nunca lograron recuperarse del todo. La advertencia fue clara: acostumbrar al cliente a precios bajos genera un ancla psicológica difícil de romper.
“El mercado aprende rápido. Lo bajas hoy y luego te costará tres o cuatro veces más trabajo volver a subirlo”.
Incluso se señaló que, paradójicamente, las grandes cadenas suelen ser más disciplinadas: muchas tienen prohibido bajar tarifas por política nacional, justo para proteger el valor de la marca y garantizar capacidad futura de inversión y remodelación.
Adaptarse sin regalar el precio
La alternativa, coincidieron, no está en bajar tarifas, sino en adaptar la operación: optimizar nómina, redefinir funciones, reducir costos estructurales y replantear procesos sin sacrificar la experiencia.
“No sobrevive el más grande ni el más fuerte, sino el que se adapta”.
La recomendación fue clara: ajustar costos, no el precio, y hacerlo desde una visión de largo plazo.
Saltillo: oportunidad turística subutilizada
Más allá del debate de tarifas, el encuentro abrió una discusión de fondo: Saltillo sigue viéndose —y vendiéndose— como destino industrial, cuando existe una oportunidad turística clara, especialmente hacia el mercado regio.
Se habló de viñedos, museos, experiencias familiares, seguridad, gastronomía y patrimonio cultural, pero también de una falla estructural: la ciudad no se cuenta bien a sí misma.
“No hay espectaculares que digan: ‘estás llegando a una ciudad segura, con vino, museos y experiencias para tus hijos’”.
Uno de los planteamientos más reiterados fue transformar a los recepcionistas en embajadores turísticos, capaces de recomendar rutas, tiempos, experiencias y atractivos con conocimiento real de la ciudad.
Falta de turoperadores: un cuello de botella
Otro punto crítico fue la escasez de turoperadores profesionales en Saltillo. Actualmente, el número es insuficiente para sostener una estrategia turística constante, pese a la cercanía del Mundial 2026 y el interés de agencias nacionales e internacionales.
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Se planteó incluso que esta puede ser una oportunidad de reconversión laboral para personas que han perdido empleo en otros sectores, siempre que exista capacitación, profesionalización y un modelo de negocio claro.
Eventos, turismo regional y coordinación
Autoridades y participantes coincidieron en que la diversificación vía eventos deportivos, culturales y religiosos será clave en 2026. Saltillo ya tiene una agenda relevante, pero requiere mayor coordinación entre hoteles, operadores, autoridades y promotores para traducirla en ocupación y derrama.
El llamado final fue a pensar como plaza, no como hoteles aislados.
“Bajar tarifas puede parecer una solución inmediata, pero es una tontería para el largo plazo. Inviertan en experiencia, en servicio, en valor… pero no regalen el precio”.





