A inicios de la década de los noventa comenzó a circular un rumor que pronto se transformó en leyenda: en un rancho de Tlacote, Querétaro, existía un manantial con propiedades curativas extraordinarias. Se decía que animales enfermos que bebían esa agua sanaban de manera inexplicable.
El rancho pertenecía a Jesús Chahín Simón, y en poco tiempo la historia rebasó el ámbito local. Medios nacionales e internacionales difundieron el relato del agua milagrosa, provocando que personas de todo el mundo viajaran hasta este pequeño poblado rural.
