¿Nos hemos dado cuenta de que no sabemos lo que queremos? ¿O es que nada nos convence ni nos llena ni nos satisface? La crítica se reparte, pero sospecho que no importa qué hicieran políticos, figuras públicas, nuestros papás, nuestras parejas, los vecinos, la Iglesia y/o el Vaticano, no estaríamos bien con ello. Recuerdo a mi mamá y a mi papá. Cuando ella venía de visita yo sabía que nada de lo que yo hacía o tenía sería adecuado para ella. Contrario a ella, mi papá festejaba todo, todo le parecía lindo y divertido. Es curioso porque ella se quejaba poco de gobiernos y eso, y él tenía opiniones fuertes sobre esos temas. ¿Será que nadie se escapa de la necedad particular que ha formado?
