Hace tiempo que nada se sabe de la investigación del contrabando de combustible, cuya red criminal se fraguó en los más altos niveles de la Marina y operaba bajo la sombra del secretario, el almirante Rafael Ojeda. El gobierno ha tratado que este caso se evapore de la opinión pública y de contener el acto de corrupción más grande en la historia de México en los sobrinos políticos del exsecretario: el almirante Manuel Roberto Farías Lagunas y el contralmirante Fernando Farías Laguna. Pero sería un error de la presidenta Claudia Sheinbaum pensar que la gangrena de la corrupción institucional la va a poder frenar con el olvido.
