
The Big Bang Theory es una serie que en su tiempo fue muy popular. No dudo que lo siga siendo. No había visto las últimas temporadas, y entre navidad y el comienzo del año me dediqué a ver la serie completa, en sus doce temporadas. Empecé tranquilamente, riéndome del talento sin cuestión de los escritores mordaces que elaboraron unos diálogos de movimiento intenso, otorgando a los personajes caracteres ácidos y puntuales. Cuatro científicos genios, uno de ellos una mezcla entre el espectro autista y un trastorno narcisista, más tres mujeres que se agregan al grupo de a poco. Una de ellas es una chica “americana” típica (fiestera, una mujer que llega a California con esperanzas de ser actriz, fallando y trabajando, como típicamente se dice que sucede, de mesera). Las otras son científicas. Ellas tres forman pareja a lo largo de la serie con tres de los hombres, dejando a uno soltero. Así transcurre la historia, con historias infantiles y familiares de cada personaje, y con la vida actual, a través de algunos diez años, terminando en las tres parejas casadas, una de ellas con dos hijos, una de ellas con un premio Nobel.





