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viernes, febrero 13, 2026
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¿Por qué en México se entierra el ‘ombligo’ de los bebés?… significado según la región del país

¿Alguna vez te has preguntado dónde quedó tu “ombligo”? No hablamos del que llevas en el abdomen, sino del pequeño fragmento de cordón umbilical que se desprendió días después de tu nacimiento. En México, ese pedazo de tejido no es un simple desecho biológico: es, según la tradición, carne del hijo.

En distintas regiones del país, el ombligo del recién nacido se considera parte esencial de la primera etapa de la vida, un periodo frágil que requiere cuidados y rituales específicos. No debe tirarse a la basura, porque hacerlo implicaría desproteger simbólicamente al menor o romper su vínculo con la familia y la tierra.

De acuerdo con el libro Acciones rituales del nacimiento y sus implicaciones simbólicas, editado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, el ombligo forma parte de los elementos que necesitan ritos para integrar al recién nacido al mundo social y espiritual, además de invocar la intercesión de fuerzas divinas para su bienestar futuro.

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RITOS Y DESTINO EN EL CENTRO DE MÉXICO

En algunas regiones de Puebla, especialmente en Cholula, el destino del ombligo depende del sexo del bebé. Si se trata de una niña, se entierra en el tlecuil o fogón de la cocina. Si es niño, se sepulta en el campo de cultivo familiar.

La lógica detrás de este acto responde a una visión tradicional de roles: ellas vinculadas al hogar; ellos al sustento del campo. Más allá de los estereotipos actuales, la práctica refleja una intención simbólica de guiar el destino del menor mediante la intervención ritual.

En comunidades del centro del país, también es común que el ombligo sea enterrado en el patio de la casa donde nació el bebé, como una forma de asegurar arraigo familiar y mantener un lazo permanente con el lugar de origen.

EL OMBLIGO EN LAS CULTURAS MAYA, HUICHOL Y TOTONACA

Entre los pueblos mayas, antiguos y contemporáneos, el ombligo suele enterrarse al pie de un árbol. La intención es que, al crecer, la persona sienta arraigo por su comunidad y no busque estabilidad lejos de su tierra natal.

En el caso de los huicholes de Tuxpan, Jalisco, el ombligo puede enterrarse bajo un árbol secreto o guardarse en un sitio reservado por la madre. La discreción tiene un objetivo claro: evitar que alguien lo utilice para hacer daño al niño mediante prácticas espirituales.

Los totonacos, predominantes en Veracruz, lo cuelgan en lo alto de un árbol. El simbolismo es potente: que el infante, al llegar a adulto, pueda trabajar en alturas sin perder el equilibrio. Una metáfora entre cuerpo, naturaleza y destino.

¿Y EN EL NORTE DE MÉXICO?

En el norte del país, particularmente en estados como Coahuila, Nuevo León o Chihuahua, la práctica también existe, aunque con menor visibilidad pública. En zonas rurales, todavía se acostumbra enterrar el ombligo en el patio o en terrenos familiares como señal de pertenencia.

En contextos urbanos, algunas familias optan por guardarlo en frascos o álbumes de recuerdos, mientras que otras han dejado de realizar el ritual. Sin embargo, la idea de que el ombligo es algo más que un residuo persiste en la memoria colectiva.

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DATOS CURIOSIOS

· En varias culturas se cree que el ombligo conserva energía vital del bebé

· Algunas familias realizan pequeñas oraciones al enterrarlo

· En comunidades indígenas, el ritual puede incluir ofrendas simbólicas

Aunque la modernidad ha transformado muchas costumbres, el acto de enterrar el ombligo del bebé sigue siendo una expresión profunda de identidad, protección y esperanza. Si en tu familia existe esta tradición, cuéntanos: ¿dónde quedó tu ombligo?

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