
El tablero de las telecomunicaciones en México está registrando un voltaje inusual. La Comisión Federal de Electricidad (CFE) ha decidido que su papel como simple espectador en la conectividad rural ya no es suficiente. Con la mira puesta en el año 2026, la empresa estatal busca dar el salto definitivo: obtener una concesión comercial que le permita competir de tú a tú contra los titanes privados, rompiendo la barrera de “sin fines de lucro” que hoy limita su expansión.
Este movimiento no es una ocurrencia de último minuto, sino una estrategia de largo aliento respaldada por la nueva Agencia de Transformación Digital. La intención es clara: aprovechar los miles de kilómetros de fibra óptica que ya recorren el país para ofrecer servicios que, por precio y alcance, podrían poner en jaque a los operadores tradicionales. No se trata solo de conectar a los olvidados, sino de entrar a la jugada grande donde se reparten millones de dólares.

