
Para Renee Good y Alex Pretti, asesinados por defender inmigrantes en Minneapolis
Minneapolis no es sólo un caso de resistencia local, sino un espejo incómodo para México y su política migratoria. En esa ciudad la sociedad se rebeló para proteger a los inmigrantes y la democracia de la brutalidad de ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas) y otras fuerzas federales. Obtuvo el apoyo de las autoridades locales y de la prensa independiente.
La batalla por Minneapolis está siendo narrada por medios que se inspiran en el “periodismo explicativo” propuesto hace seis décadas por un inmigrante escocés: James Reston, del New York Times, propuso complementar la cobertura dada a las élites con las noticias sobre las calles y las mentes de quienes protestaban.
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Por la prensa conocemos la sofisticada resistencia social y el costo que han pagado. Susan Gzesh, profesora de la Universidad de Chicago y especialista en migración mexicana, me da el contexto: “el enfrentamiento fue por los migrantes” y por la libertad. Ofrece dos cifras reveladoras: Trump envió a “3 mil efectivos federales para apoyar al ICE en una ciudad con solo 600 policías. Es un ejército invasor”. El gobernador local denunció la violación de la soberanía estatal.
La perspectiva desde la trinchera me la dio la pastora luterana Andrea Roske-Metcalfe en conferencia telefónica. La busqué después de ver una foto donde se le ve hincada, rodeada de policías y vestida para resistir la sensación térmica de 43 grados centígrados bajo cero; destaca una estola arcoíris con la cual se reconoce a la comunidad de la diversidad sexual. Aquel 23 de enero fue arrestada y luego liberada.
La reverenda me explica que “las comunidades de fe cristianas nos aliamos con imanes musulmanes y rabinos judíos para enfrentar el horror desplegado por las policías federales. Siempre hemos sido hospitalarios y salimos a defender nuestros derechos y a nuestros inmigrantes hmong, somalíes y mexicanos. Ellos son nuestros vecinos y son parte de nuestras comunidades”.
Los métodos seguidos por la resistencia social de Minneapolis son estudiados por otras comunidades. La fotografía de la pastora hincada la tomó Heidi Torgerson, otra pastora luterana llegada desde Chicago para observar y luego compartir su testimonio en su comunidad. Andrea y Heidi fueron misioneras durante varios años en México, lo que influyó en su compromiso con nuestros compatriotas.
El historial de nuestro Gobierno Federal es de claroscuros. La mayor parte del personal de nuestros 51 consulados en Estados Unidos se la juega con los paisanos acosados; lo mismo hace el personal de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados y el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) con quienes emigran a México.
Palacio Nacional optó por doblegarse ante Donald Trump. En sus primeros meses, Andrés Manuel López Obrador implementó una política generosa y de brazos abiertos hacia los migrantes llegados a México. Eso terminó en julio de 2019. Trump convocó al secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, para informarle que impondría aranceles a menos que México pusiera a 20 mil guardias nacionales a frenar inmigrantes. López Obrador capituló en cinco minutos.
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Lo incomprensible es que nombrara a Francisco Garduño comisionado del Instituto Nacional de Migración (INM). Es un inepto de mano dura que hizo lo que pudo por transformar a México en un infierno que fue visibilizado por el incendio de un centro de migrantes en Ciudad Juárez. Los guardias de la empresa privada que había contratado salieron corriendo con los candados cerrados; murieron 40 personas en esa ratonera. El presidente salió a defender a Garduño acusando a los periodistas de “amarillistas”, a sus adversarios de “buitres”, a las OSC de derechos humanos de “falsarias” y a la ONU de hacer “absolutamente nada”. Mantuvo en el cargo a Garduño, que se fue a la banca hasta el 30 de abril de 2025.
Hace poco, Garduño atrajo los reflectores cuando Mario Delgado lo nombró alto funcionario de la SEP. La Presidenta lo defendió: Garduño es “polémico”, sí, pero es “doctor en Derecho”, “siguió un proceso y salió en libertad”. Nada dijo sobre su falta de experiencia e ineptitud.
Minneapolis nos invita a defender derechos, libertad y dignidad.
Elena Simón Hernández colaboró en México y Ellen Macdonald-Almazán en Estados Unidos.




