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lunes, febrero 23, 2026
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Café Montaigne 380: una historia ¿de amor, sexo, erotismo, vejez?

Jazmín, cuan larga es, duerme. Sólo duerme. No ronca, sus pechos como puntas de alfileres bien pulidos, se inflan de acuerdo a su respiración de bella durmiente: acompasados y perfectos. Jazmín duerme. ¿Yo? Sentado en una silla a un lado de la cama, la contemplo. Tengo en mi mano una copa de vino tinto, le doy sorbos, la pongo a un lado y vuelvo a contemplar a la güera de 23 años (entrados en 24 en poco tiempo) la cual me lleva ya del cielo al infierno en el mismo viaje. Jazmín duerme.

¿Qué hacer? Pues eso, contemplar su sueño. Ella duerme plácida y serena por un motivo el cual me maravilla y de lo cual me siento halagado: confía en mí. Por eso duerme y se entregó a ello. ¿Tocarle uno de sus cabellos brillantes de sol? Imposible. ¿Recorrerla con uno de mis dedos, con la punta de los dedos, la yema, parece ser el nombre? Jamás. La niña/mujer está descansando… ¿Qué hacer? Pues eso, tratar de apresar uno de sus sueños para escribirlo, contarlo en estas torpes letras. Ella lo ha pedido.

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