
Cada 6 de enero, la tradición cristiana recuerda los regalos que los Reyes Magos llevaron al Niño Dios: oro, incienso y mirra. Mientras los dos primeros son ampliamente conocidos, la mirra sigue siendo el obsequio más misterioso y menos comprendido.
La mirra es una resina aromática que se obtiene de árboles del género Commiphora, originarios del noreste de África y la península arábiga. En la antigüedad, su valor era comparable al del oro debido a su escasez y múltiples usos.
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Desde civilizaciones como la egipcia hasta la griega y romana, la mirra fue apreciada por sus propiedades medicinales, espirituales y rituales, lo que la convirtió en un símbolo poderoso dentro del relato bíblico.





