
Lo repito: fui al restaurante regiomontano de media tabla, me apoltroné en mi mesa y mi silla (¡Ja! Qué rápido se apropia uno de las cosas materiales: decir mi silla y mi mesa. Estoy atado a las cosas materiales… ¡puf!) Ordené mis libros y papeles sobre la mesa. De reojo, busqué a Jazmín con la mirada de quien busca algo perdido. El lugar, el restaurante, estaba inusualmente lleno, atestado en martes.





