
El uso del método de “fractura hidráulica” –o fracking– para la explotación de yacimientos de petróleo y gas ha estado rodeado, desde su aparición en el horizonte, por una polémica puntual: se le considera una técnica que entraña riesgos ambientales severos, lo cual ha llevado a su prohibición y/o moratoria en diversos países del mundo.





