
NUEVA YORK- En un día caluroso del verano pasado, Clarisa Lugo inspeccionaba y contaba plantas de maíz y soja en medio de un campo agrícola de 121 hectáreas (300 acres) en Illinois cuando comenzó a vomitar y a jadear. Su corazón se aceleró, dejó de sudar y un fuerte dolor de cabeza no desapareció durante horas.





